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"Vocación es un darse a Dios, con tal ansia, que hasta duelen las raíces del corazón al arrancarse" Beato "Lolo"
Me agradará enormemente compartir vuestras alegrías, pero mucho más lo hará el que podamos superar juntos las dificultades que se nos presenten en la que, sin duda, será la mayor aventura de nuestras vidas. Para ello podeis escribirme cada vez que lo deseeis a escalandolacima@gmail.com
Me agradará enormemente compartir vuestras alegrías, pero mucho más lo hará el que podamos superar juntos las dificultades que se nos presenten en la que, sin duda, será la mayor aventura de nuestras vidas. Para ello podeis escribirme cada vez que lo deseeis a escalandolacima@gmail.com
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sábado, 29 de septiembre de 2012
Why not?
In our life there come moments to take important decisions. We must choose well the person with whom to form a family. We have to know which are our aptitudes to choose the university suitable studies and it can be that the decision is to realize top studies or to devote ourselves from our youth to a work. Between all these questions that we do to ourselves … have you done to you at some time the question of if it is called you Jesus? ...
If you have never done it, because not now?. It is late a not even badly moment to change radically your life ever. Dare to do it.
Cómo descubrir la vocación (I)
¿Cómo se
puede estar seguro de algo que no se ha experimentado antes? ¿Cómo saber si una
decisión importante de nuestra vida es la adecuada? ¿De qué manera podríamos
saber si tenemos realmente vocación religiosa?...
Estas y
otras preguntas nos las hemos hecho todos alguna vez y no siempre hemos
encontrado respuesta. De poco nos valdría lo que nos pudieran decir los demás
porque cada uno desarrolla su vida de una manera y lo que para unos es muy
positivo para otros puede no aportar nada. Incluso hay cosas que ni nosotros
mismos acertamos a explicarnos. Si alguna vez os habéis enamorado, sabréis
perfectamente de lo que os hablo y si a alguien le preguntas qué es lo que se
siente cuando te enamoras, la respuesta más probable que obtengas será que “Es
algo que no se puede explicar”.
Igual
pasa con la vocación. Es algo que se siente dentro, una inquietud, un “algo”
especial que no sabríamos definir muy bien pero que de igual modo hace que nos
preocupemos al no saber si ese sentimiento responde verdaderamente a la llamada
del Señor o no.
Pero
bueno, tampoco tenemos que pensar que es algo en exceso complicado. Si me lo
permitís, y atendiendo también a la petición que alguien me hacía desde México
(va por ti, María), intentaré en las próximas entradas, daros algunas pautas
que os pueden ayudar a tener más claros vuestros sentimientos.
Siete son los pasos que vamos a seguir en este
proceso de discernimiento y el primero, como no podría ser de otra forma, será
orar a Dios.
“Señor ¿Qué quieres que haga?” Hch 22, 10
La vocación religiosa es, sin duda, el proyecto de amistad que Jesús te propone y te invita a realizar. No es principalmente una decisión que tú tomas sino una llamada a la que respondes.
“Señor ¿Qué quieres que haga?” Hch 22, 10
La vocación religiosa es, sin duda, el proyecto de amistad que Jesús te propone y te invita a realizar. No es principalmente una decisión que tú tomas sino una llamada a la que respondes.
Para descubrir la vocación no hay nada como dialogar con Jesús. Sólo mediante la oración podrás encontrar lo que Dios quiere de ti. Por lo tanto, el primero es la Oración. En ella el Espíritu Santo afinará tu oído para que puedas escuchar. Será entonces, en ese diálogo con el Amigo que nunca falla, cuando podrás oír su voz invitándote a dejarlo todo por Él:
“ven y
sígueme” (Lc 18, 22)
o bien, escucharás que te dice:
“Vuelve a tu casa y
cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti” (Lc 8, 39).
No hay que tener miedo de
que fuese esa segunda opción. El Señor sabe perfectamente donde podemos ser más
útiles y nuestra respuesta afirmativa a seguirle no tiene porqué implicar
siempre el ingreso en un convento o en un seminario. Se trata de que aceptemos
su invitación a cambiar nuestra vida, a ser como Él quiere que seamos, siendo
fieles a su Palabra y amando a nuestros hermanos como Él nos ama. Que allá
donde estemos seamos capaces de demostrar que, como María, hemos respondido SÍ
al Señor.
El segundo de los pasos seria la Percepción:
“Había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía”. Jr 20, 9
Para descubrir lo que Dios quiere de cada uno de nosotros, tenemos que escuchar, mirar y experimentar. Para esto necesitas hacer silencio interior y exterior. Busca un lugar tranquilo y empieza a observar tu interior. Todos decimos que nos conocemos, pero, en la mayoría de las ocasiones, el “ruido” de la vida, los quehaceres cotidianos, los entretenimientos nos impiden conocer realmente nuestros deseos, nuestros miedos, los pensamientos que ocupan nuestra mente, las fantasías que tenemos, nuestras inquietudes y los proyectos que hacen que nos ilusionemos. Escucha tanto a los que aprueban tu inquietud como a los que la critican. Escucha tu corazón: ¿qué es lo que anhelas? Aprende a mirar a los hombres que te rodean: ¿qué te está diciendo Jesús a través de su pobreza, de su ignorancia, de su dolor, de sus desesperanzas, de su necesidad de Dios...?
Ve tu historia:
¿Por qué camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles han sido los
acontecimientos más importantes de tu vida?, ¿de qué manera Dios estuvo
presente o ausente en ellos? ¿Qué personas concretas han sido significativas
para ti?, ¿por qué? Contempla el futuro: ¿qué experimentas al pensar en la
posibilidad de consagrar tu vida a Dios? Tienes sólo una vida, ¿a qué quieres
dedicarla?
Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes son signos de una verdadera vocación consagrada o son manifestaciones de que Dios quiere que intensifiques tu vida cristiana como seglar. Ya decía antes que hay muchas formas de seguir al Señor. No debemos desilusionarnos si finalmente descubrimos que no tenemos vocación religiosa, lo importante es saber que tenemos vocación como cristianos de cumplir la voluntad del Señor y para ello no debemos equivocarnos. Es por ello que en este paso convendría decir:
“Tal vez Dios me
esté llamando...” “Siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios”.
Si así lo
hacemos, el tercero de los pasos
sería la Información:
“Observen cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o numerosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra fértil o estéril; con vegetación o sin ella”. Nm 13, 18-20
Los caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples. No basta con querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus hermanos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas.
Para descubrir tu lugar en la Iglesia es conveniente no dejarse guiar por un primer impulso, sino intentar conocer las diversas vocaciones, los distingos carismas. En definitiva, ampliar nuestras miras a la diversidad vocacional que nos ofrece la Iglesia. Investiga cuál es la espiritualidad que viven los sacerdotes diocesanos o las diferentes congregaciones religiosas; y siente cuál de ellas te atrae. Ve cómo viven: no es lo mismo una congregación contemplativa que una de vida apostólica. Infórmate sobre cuál es su misión y por qué medios pretenden realizarla: enseñanza, hospitales, dirección espiritual, promoción vocacional, misiones, predicación de ejercicios, medios de comunicación, etc. Conoce quiénes son los principales destinatarios de su apostolado: jóvenes, pobres, sacerdotes, enfermos, niños, seminarios, ancianos, etc.
Aunque ordinariamente cuando se experimenta la inquietud vocacional se siente también el atractivo por una ‘vocación específica, vale la pena que dediques algunas horas a informarte más a fondo sobre esa vocación y sobre otras. Y si al final te decidieras por la que en el principio te inclinabas, el tiempo empleado en informarte no habrá sido desperdiciado.
Al dar este paso podrás decir:
“Me atrae la espiritualidad, el estilo de vida y
el apostolado de esta congregación”. “Posiblemente Dios me está llamando a
ingresar al noviciado o al seminario”.
viernes, 23 de marzo de 2012
Obreros para la mies
En la habituales deferencias que nuestro amigo Javier, para el que os pido especialmente vuestras oraciones, tiene con esta página, nos manda desde Zaragoza la interesante reflexión que podéis leer bajo estas líneas y que viene muy a colación de la necesidad de pedir a Dios por las vocaciones.
“Rogad, pues, al dueño de la mies...”
Al comienzo de cada nuevo curso no hay casa religiosa que no eleve su mirada al cielo al ver que sus noviciados o están vacíos o con un numero más bien “escaso”. Por eso este intento de convencerles, queridos lectores, de la importancia de sentirnos todos sin excepción animadores vocacionales.
Como siempre al tratar este tipo de temas surgen preguntas que a veces no sabemos ni a quien planteárselas: ¿Cuál debe ser el contenido de una animación vocacional? Lo que es más serio ¿Qué actitud de vida reflejamos a cuantos vienen a experimentar nuestra forma de consagración? Yo creo que el primer contenido de toda animación vocacional es el mismo consagrado con todos los aspectos de su humanidad, hombres o mujeres plenamente realizados en su carisma, consagrados para la misión, el martirio y la profecía. Al joven deberemos, ante todo, responsabilizarlo de las cualidades que posee, de la vida que le ha sido dada y los bienes que la acompañan; despertar en él el sentido de su libertad para que no caiga en la esclavitud de las modas del momento y de los condicionamientos interiores que le empobrecen; incitarle a buscar, en la compleja trama de su historia, la verdad de su yo, la cual se descubre plenamente y da identidad sólo cando llega a su realización de la propia vocación personal.
Un autentico animador vocacional trata siempre de ayudar respetuosamente al joven a plantearse correctamente el problema de su identidad. Es importante y sensato, además, que el joven de hoy se convenza que su vida no está ni puede estar toda en sus manos, ni puede pretender gestionarla con el mando a distancia, como si se tratase de un juego, pasándose indiferente y alegremente de un “programa” a otro, sin elegir ni tomar opción alguna de vida, quedando sólo con una gran confusión mental. Animador vocacional es todo consagrado que enseña al joven a orar, a orar no sólo buscando y encontrando a Dios, sino buscando y encontrándose a sí mismo en Dios, para reconocer el propio rostro del Padre, y descubrir la verdad del yo en la revelación de Dios. ¡Cuántos jóvenes podrían hoy descubrir su vocación sólo con que hubiese verdaderos animadores vocacionales capaces de orar y de enseñar a orar!
Pero, entendámoslo bien, no basta orar obsesivamente al Dueño de la mies para que envié obreros a su mies, descargando sobre el Padre nuestra responsabilidad y confundiendo la oración con el intento de “convertir” a Dios a nuestras expectativas y a nuestros deseos de ver de nuevo llenos nuestros conventos y seminarios. Lo que se necesita es que nosotros aprendamos a convertirnos a las esperanzas y deseos de Dios, el cual, si no nos escucha como desearíamos, es, probablemente, porque quiere purificar nuestros deseos y transformar nuestras vidas y nuestro modo de vivir la consagración. Desea que dejemos atrás ciertas nostalgias y que experimentemos nuestras debilidades y su fuerza, precisamente a través de la “prueba” de esta crisis vocacional y no olvidemos que la crisis de las vocaciones es, también, siempre crisis de dirección espiritual.
Cuando el animador vocacional no es sólo el que anuncia y propone, sino el que, además, vive una experiencia coherente de vida, el impacto psicológico es mucho más fuerte. Nadie puede pretender que los miembros de una comunidad de acogida sean modelos de perfección y de santidad, pero sí que sean religiosos o formadores suficientemente maduros, serenos, convencidos y felices... ¡esto sí! Más en particular, que sean personas que hayan logrado “integrar su persona con el proyecto de consagración”.
No es raro el caso de jóvenes en búsqueda que, invitados a hacer una experiencia en las comunidades de acogida con la perspectiva y esperanza de aclarar sus dudas, se encuentren al final con los mismos interrogantes que habían llevado. Sólo el acompañamiento individual, el encuentro tú a tú, puede hacer emerger en el joven lo positivo que hay en él, despertando el anhelo de ser él mismo y la fuerza para oponerse a los condicionamientos externos: si el joven se encuentra sin dirección, es preciso ayudarle a que la encuentre. Es muy importante aquí la intuición espiritual del que guía: él no es ni un ángel consolador, ni agente de informaciones para turistas perdidos por la vida, sino creyente que conoce el camino fatigoso del descubrimiento de Dios y de su rostro, con todas las tentaciones de distraerse o pararse cayendo en las redes del ídolo de la autorrealización. Más de un consagrado ha experimentado en su propia piel y en su persona el juego amargo, trucado y engañoso, de esta pretendida autorrealización: un ídolo nunca satisfecho y cada vez más exigente, seductor y desleal con quien, como Narciso, quisiera mirarse en el espejo de cuanto hace, imagen fatua e inconsistente del yo, reflejándose en las aguas donde todo Narciso antes o después, termina por ahogarse...
Termino con un texto de P. Cabra: “La vida religiosa concentra toda su atención sobre este mundo transformado inaugurado por el Señor resucitado, y atraída por su belleza, vive sus maravillas, ante su esplendor supera las dificultades cotidianas, descubre la poesía de lo divino, afina el sentido de la belleza de lo divino porque Dios es bello.
Por tanto es bello entregarse a Dios, y lo es ser religiosos, como lo es todo aquello que nos acerca a Dios: es bella la liturgia, bello el templo, bellas las celebraciones, bello el canto, bello el hablar con Dios, bello el servirle... Es bello no sólo el amor de la pareja humana, es bello, inmensamente más bello, el amor de Dios al hombre y el amor del hombre a su Dios... Dios es bello: esto lo debe proclamar con los ojos, con la palabra, con la acción, con la vida entera, el religioso y toda nuestra comunidad”. Las incoherencias y desarmonías en este campo, por más que puedan parecer problema privado y personal, se pagan regularmente caras. En efecto, lo estamos pagando...
En cierta ocasión escuche de una homilía en la que el predicador lanzaba este planteamiento: “Pedimos a Dios envié a muchos jóvenes la semilla divina de la vocación, pero ¿pedimos alguna vez que envié jardineros apropiados?.” Creo que es momento de reflexionar cada uno de nosotros cual es nuestro posicionamiento ante este tema, nuestro modo de orar y nuestro modo de actuar.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Dando respuestas
En muchas ocasiones podemos pensar que la respuesta a la llamada del Señor es algo inmediato en los demás, que nunca han tenido dudas, que puede ser un camino difícil. Pero muy pocas son las que en ese proceso de discernimiento pensamos nos darán la felicidad.
En mi tierra siempre se ha dicho que la cara es el espejo del alma... bueno... lo que sí que es cierto que las expresiones del rostro revelan si uno se encuentra bien de salud o enfermo, si está ilusionado o triste, si tiene la esperanza de conseguir metas o vive en un mundo gris donde las cosas se hacen por inercia. Cuando miras a los ojos a alguien, al menos a mí me pasa, descubro mucho de lo que hay tras esa persona. No hacen falta más palabras, mirad vosotros mismos este vídeo y ya veréis como la experiencia de otros nos indica claramente que la verdadera vocación siempre trae una felicidad que solo en Cristo se encuentra.
En mi tierra siempre se ha dicho que la cara es el espejo del alma... bueno... lo que sí que es cierto que las expresiones del rostro revelan si uno se encuentra bien de salud o enfermo, si está ilusionado o triste, si tiene la esperanza de conseguir metas o vive en un mundo gris donde las cosas se hacen por inercia. Cuando miras a los ojos a alguien, al menos a mí me pasa, descubro mucho de lo que hay tras esa persona. No hacen falta más palabras, mirad vosotros mismos este vídeo y ya veréis como la experiencia de otros nos indica claramente que la verdadera vocación siempre trae una felicidad que solo en Cristo se encuentra.
domingo, 8 de enero de 2012
Nuevo año, nuevos propósitos
Concluyen las celebraciones navideñas y comiezan a desgranarse los días de un nuevo año. En estas fechas son muchas las personas que se hacen nuevos y saludables propósitos. Ir al gimnasio, dejar de fumar, estudiar dos horas diariamente... Es como si se comenzase un nuevo ciclo y en él tuviésemos la seguridad de que se cumplirían, por fin, nuestros deseos.
En estas fechas también soñamos. En cada campanada con la que se inaugura el año nuevo ponemos un sueño, una ilusión. Nos acordamos igualmente de aquellos que están necesitados de algo y confiamos en que lo encuentren. Salud, trabajo, amor... son las tres cosas que más se suelen desear en estas fechas. Y yo me pregunto... ¿cuantas veces deseamos, realmente, vocación? Queremos estabilidad en nuestras vidas, paz en el mundo, trabajo con el que salir de esta inclemente crisis, pero... ¿hemos pedido también este año por que surja en nosotros la vocación?
Me gustaría que, mientras tenéis ocasión de ver el siguiente vídeo, os repitiéseis esa pregunta que acabo de haceros y la contestéis... hacedlo sin miedo porque si lo habéis pedido será ocasión propicia para encontrar la ayuda del Señor en un camino que puede comenzar este año, en unos meses, en unas semanas... tal vez en estos mismos días. Si, por el contrario, no lo habéis hecho, no penséis que ya es tarde... Al igual que ellos no dudaron en dejarlo todo para buscar a Dios recién nacido y poder adorarlo, los Magos de Oriente estarán dispuestos a guiarnos también a nosotros a ese "portal" de nuestro corazón en el que, si así lo queremos, nacerá con fuerza el Amor de Dios.
En estas fechas también soñamos. En cada campanada con la que se inaugura el año nuevo ponemos un sueño, una ilusión. Nos acordamos igualmente de aquellos que están necesitados de algo y confiamos en que lo encuentren. Salud, trabajo, amor... son las tres cosas que más se suelen desear en estas fechas. Y yo me pregunto... ¿cuantas veces deseamos, realmente, vocación? Queremos estabilidad en nuestras vidas, paz en el mundo, trabajo con el que salir de esta inclemente crisis, pero... ¿hemos pedido también este año por que surja en nosotros la vocación?
Me gustaría que, mientras tenéis ocasión de ver el siguiente vídeo, os repitiéseis esa pregunta que acabo de haceros y la contestéis... hacedlo sin miedo porque si lo habéis pedido será ocasión propicia para encontrar la ayuda del Señor en un camino que puede comenzar este año, en unos meses, en unas semanas... tal vez en estos mismos días. Si, por el contrario, no lo habéis hecho, no penséis que ya es tarde... Al igual que ellos no dudaron en dejarlo todo para buscar a Dios recién nacido y poder adorarlo, los Magos de Oriente estarán dispuestos a guiarnos también a nosotros a ese "portal" de nuestro corazón en el que, si así lo queremos, nacerá con fuerza el Amor de Dios.
viernes, 28 de octubre de 2011
Fechas importantes II - Ver el fin para comprender el principio
Como cada mes de mayo, la ciudad aparecía exhuberante enmedio de su fértil Vega y embriagada del aroma de las mil plantas aromáticas que desde el Generalife y las almunias de las riberas del Genil, inundaba sus calles y plazas sin apreciar siquiera que en los baluartes y murallas eran ya otros los pendones que hablaban de las grandezas humanas. El bullicio en el Zacatín se completaba con el propiciado por los especieros en las cercanías de Bib-Rambla y el trasiego de quienes venidos de otros lugares pregonaban sus mercancías en los antiguos zocos de Granada. Sin embargo, los crespones negros que colgaban en las torres de la alcazaba anunciaban un triste acontecimiento conocido ya por quienes años atrás celebraron con júbilo la presencia de la pareja imperial en los palacios de la Alhambra. Aquella mañana la campana de la Vela comenzó un pausado tañido que en nada se asemejaba a los toques con los que se regulaban los riegos de la acequia de Aynadamar y los pesados bronces de la torre que se alzaba sobre la antigua Turpiana siguieron en el fúnebre acompañamiento al de los campanarios en los que un triste doblar indicaba la llegada a la puerta de Elvira de un lóbrego cortejo. El cardenal de Burgos, los obispos de León y Coria, el marqués de Villena, la condesa de Faro y otros muchos cortesanos, frailes, criados y hombres de armas, acompañaban al cadáver de Isabel de Portugal desde Toledo, lugar en el que había fallecido el primer día de aquel mes de mayo de 1539. Eran las dos de la tarde cuando llegó el féretro de Su Majestad Imperial a Granada. La ciudad entera se paralizó; la aglomeración de granadinos y venidos de otras ciudades fue tan enorme, y los responsos y actos religiosos en el camino fueron tan sentidos y numerosos que, a pesar del corto trayecto que habría de recorrer, la fúnebre comitiva no llegó a la catedral hasta las 8 de la tarde.
Dignatarios eclesiales, nobles y veinticuatros del Cabildo, unieron sus plegarias al Dies Irae de los capellanes encargados de recibir en la Capilla Real el cuerpo muerto. Nuevamente los responsos. Azuladas nubes de incienso se elevaron en el presbiterio. Fini gloria mundi, murmuró un anciano clérigo. "Descanse en paz", dijeron entonces quienes habían entonado los lóbregos rezos.
Una pétrea escalinata, abierta ante los túmulos de los monarcas que conquistaron a los musulmanes de la península su último reino, ocultó a la vista de los presentes el féretro recubierto de terciopelo negro. Bajó a la cripta un reducido número de acompañantes y el escribano mayor, dispuesto a dar fe de aquel entierro, preguntó entrecortado a los presentes: “¿Quién cerró el féretro en Toledo?”. Las miradas se cruzaron y alguien murmuró “Fue el Caballerizo…”; no hicieron falta más palabras pues la silueta de un joven lujosamente ataviado apareció en el umbral del subterráneo diciendo: “Fui yo”.
- Señor… debéis (contestó tembloroso el escribano)…
Unos giraban sus cabezas para no contemplar la escena que habría de ocurrir en un momento. “Hace ya quince días que falleció…”, dijeron otros. “Sé lo que tengo que hacer” interrumpió el noble a quienes le infirieron “Señor duque, no es conveniente…”
Con paso firme se dirigió entonces hacia donde se encontraba el ataúd. Atrás quedaron todos y unos pajes, engañando sus olfatos con pañuelos perfumados en agua de jazmín y lirios, volvieron sus rostros y levantaron la tapa del féretro. Se escuchó una voz al fondo: “¿Juráis que es el cuerpo de la emperatriz que Vos mismo visteis en Toledo?”. Retiró decidido el velo que cubría la cabeza del cuerpo yerto y su corazón, contrariado, dio un tremendo vuelco. Las tórridas temperaturas soportadas durante el trayecto habían contribuido a presentar la realidad de las glorias humanas en su más horrible crudeza. El joven duque balbuceó y, finalmente, viendo ante sí los putrefactos restos de a quien juró lealtad y servicio, no pudo sino responder: “Jurar que es su Majestad no puedo, juro que su cadáver se puso aquí”… Las lágrimas afloraron en sus ojos y abandonando presuroso aquel lugar tétrico, dirigió su mirada a quienes antes le habían escuchado y les dijo algo que parecía no entenderse en boca de quien era el caballero con el futuro más prometedor del Reino: “No más cobijar el alma al sol que apagarse puede, no más servir a señor que en gusano se convierte”.
Aquel joven que se prometía a sí mismo renunciar a las vanidades humanas era Francisco de Borja, duque de Gandía, el que más tarde, tras la muerte de su esposa, ingresaría en la Compañía de Jesús donde llevaría una vida tan edificante, tan desprendida hacia los demás y tan enardecida por la Fe en Cristo, que llegaría a los altares en 1671, un siglo después de su fallecimiento.
He querido recrear esa escena tal y como imagino ocurrió, algo en lo que a veces pensé cuando en las noches de invierno mis pasos retumbaban en el silencio de la desierta lonja que se abre ante la Capilla Real de Granada. Una escena que siempre me impactó y que resume lo que el mismo Cristo señalaba cuando decía a sus discípulos "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón".
He querido recrear esa escena tal y como imagino ocurrió, algo en lo que a veces pensé cuando en las noches de invierno mis pasos retumbaban en el silencio de la desierta lonja que se abre ante la Capilla Real de Granada. Una escena que siempre me impactó y que resume lo que el mismo Cristo señalaba cuando decía a sus discípulos "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón".
Hoy, 28 de octubre, se cumplen 501 años de su nacimiento. Por ese motivo he querido imaginarme como debió ser esa conversión profunda, ese propósito de cambiar un futuro de glorias mundanas para conseguir las del cielo, las que no se desvanecen. Hoy, recordando a este santo, cuya festividad es el tercer día del mes de octubre, quisiera pediros vuestra oración por quienes desean seguir a Jesús emulando a Ignacio de Loyola y a Francisco de Borja, aquel que, teniendo a su alcance todo lo material que este mundo puede darnos, renunció a ello buscando la única riqueza que es eterna. El que siendo uno de los personajes más importantes de su tiempo, rechazó glorias y honores, virreinatos y capelos cardenalicios, confirmando en su inmensa humildad aquello que un día escribiera: “Sólo son grandes ante Dios los que se tienen por pequeños”.
martes, 4 de octubre de 2011
La ventana de la felicidad
Es evidente que la felicidad no es la misma para todas las personas. Unos dicen estar felices en momento que otros no lo serían, luego entonces ¿Donde está la verdadera felicidad? Francisco encontró la respuesta en el Señor, ¿y tú, te atreves a buscarla?
Si te sientes atraído por el espíritu franciscano, tal vez puedas tener una experiencia personal que te ayude a conocer su carisma más profundamente. En ese caso, los enlaces que coloco a continuación te podrán resultar de gran ayuda:
http://www.franciscanos.org/enlaces/menu.htmlhttp://www.vocacionfranciscana.com/
http://www.pjvofm.org/31curso/00menu.php
http://www.ofmmichoacan.org/index.php?option=com_content&task=section&id=8&Itemid=27
jueves, 4 de agosto de 2011
El Camino, la Verdad y la Vida
Tanto hemos andado... tanto nos queda por andar... A veces, como los discípulos de Emaús vamos caminando sin darnos cuenta de que Cristo nos acompaña... En el momento en que lo descubramos ya nunca nos querremos separar de Él.
Buscando un camino
En la vida hay muchos caminos y tomar el más acertado es algo que, evidentemente, nos preocupa. Cuando emprendemos un viaje hacia un destino en el que no habíamos estado antes, siempre procuramos consultar mapas de carreteras, preguntar a quien ya hizo antes el mismo trayecto, entrar en Internet para conseguir aquellos datos que consideramos importantes. En definitiva, tratamos de estar lo más seguros posible antes de partir. Sin embargo, ¿qué ocurriría si para llegar a ese lugar hubiese un camino diferente para cada persona? ¿a quien podríamos recurrir entonces para que despejase nuestras dudas? ¿Quién nos diría el tiempo que tardaríamos en llegar o las dificultades que nos podríamos encontrar durante el viaje?...Querer encontrar respuestas a través de comparativas no nos sería del todo útil porque, efectivamente, en la vocación religiosa, cada uno tiene un camino especial que recorrer y, aunque a ojos de los demás, puedan resultar parecidos los que emprenden quienes desean llegar a un mismo destino, lo cierto es que en cada caso hay sus particularidades.
A menudo se han orientado muchas vocaciones por la experiencia de otros. De este modo, es común que un novicio agustino o jesuita haya estudiado antes en alguno de los colegios que mantienen estos religiosos y lo mismo ocurre con quien siendo acólito en su parroquia, entra en contacto con el seminario y al final acaba siendo sacerdote.
Nos guiamos, tal vez demasiado, por las experiencias de los demás y, aunque no es que sea algo negativo en absoluto, sí que nos impide escuchar la llamada de Cristo en nuestro corazón y pedirle que sea Él quien nos guíe por el camino más adecuado para nuestra vida.
Sé que esto que digo es difícil porque para ello es necesaria una confianza total y absoluta en el Señor y eso le faltó incluso a sus primeros discípulos que aún estando con Él en la barca, le despertaron temiendo hundirse en medio de la tormenta. Nosotros también dudamos y tememos ahogarnos en la adversidad, creemos entonces que Dios “está dormido”, no se da cuenta de las dificultades (reacción de la familia y amigos, temor a equivocarse, dejar atrás relaciones de pareja…) que encontramos al aceptar la vocación y no hace nada por ayudarnos a superar esos problemas para poder seguirle. Sin embargo, ante esas contrariedades u otras de las muchas que hay en la vida, qué pocas veces nos mantenemos calmados con la absoluta confianza en quien mandó callar a los vientos y las aguas en aquel lago de Galilea. “¿Porqué sois tan cobardes? ¿Dónde está vuestra fe?”... ¿Cuántas veces escucharíamos hoy esas mismas preguntas de boca del Maestro? ¿Cómo queremos acertar en nuestro camino si nos fijamos más en cómo les ha ido a los unos o lo que dicen los otros para tomar nuestra decisión, en lugar de sacar fuerzas cuando más cansados estamos y decirle al Señor: “Llevo bregando toda mi vida y no he conseguido encontrar ese camino, pero por Tu palabra lo volveré a intentar una vez más”?
Creedme si os digo que será en ese momento cuando habremos acertado plenamente y las dudas y problemas se disiparán. Pero hay algo a tener en cuenta, como Pedro y los demás habían faenado toda la noche sin pescar nada antes de aquella pesca milagrosa, nosotros también tenemos que intentarlo, esforzarnos y seguir confiando aunque haya momentos en los que no veamos los resultados. Será junto cuando nos sintamos más decaídos cuando el Señor nos ayudará. El milagro está ya preparado para nosotros, solo tenemos que confiar con toda nuestra alma y Dios, como buen Padre, nos indicará el camino que deberemos tomar para alcanzar la vida eterna.
sábado, 16 de julio de 2011
Os dejo en buenas manos
Queridos hermanos,
como sabéis, el blog cambia de manos hoy, día de la Virgen del Carmen, tan querida por mí. ¡FELIZ DIA DEL CARMEN! Han sido momentos de muchas Gracias que vienen del Cielo. Seguro que este nuevo administrador también ha sido bendecido por Ella.
Hoy hablaba con Jose M., el nuevo administrador, sobre los cambios que hacen falta en el blog. Es una persona muy centrada, con mucho criterio y, sobre todo, muy bueno, que es lo fundamental, mirando siempre a Dios. Cuidadlo mucho.
Jose M., te dejo a personas muy queridas por mí. Busca, únicamente, anunciar el Reino de Dios. Y cuida mucho a los lectores.
Os doy a todos las GRACAS por seguir y leer las pobres palabras que he podido escribir. Y a los 80 seguidores: seguid siendo lectores asiduos del blog, que ahora comienza una etapa en la que sois más necesarios si cabe.
SED SANTOS, POR AMOR DE DIOS. Para ello, basta CONFIAR, CONFIAR Y CONFIAR EN LA PROVIDENCIA.
Muchas gracias por vuestras oraciones; seguid con ellas.Os encomiendo a María, Reina Amadísima de mi corazón,
Francisco.
como sabéis, el blog cambia de manos hoy, día de la Virgen del Carmen, tan querida por mí. ¡FELIZ DIA DEL CARMEN! Han sido momentos de muchas Gracias que vienen del Cielo. Seguro que este nuevo administrador también ha sido bendecido por Ella.
Hoy hablaba con Jose M., el nuevo administrador, sobre los cambios que hacen falta en el blog. Es una persona muy centrada, con mucho criterio y, sobre todo, muy bueno, que es lo fundamental, mirando siempre a Dios. Cuidadlo mucho.
Jose M., te dejo a personas muy queridas por mí. Busca, únicamente, anunciar el Reino de Dios. Y cuida mucho a los lectores.
Os doy a todos las GRACAS por seguir y leer las pobres palabras que he podido escribir. Y a los 80 seguidores: seguid siendo lectores asiduos del blog, que ahora comienza una etapa en la que sois más necesarios si cabe.
SED SANTOS, POR AMOR DE DIOS. Para ello, basta CONFIAR, CONFIAR Y CONFIAR EN LA PROVIDENCIA.
Muchas gracias por vuestras oraciones; seguid con ellas.Os encomiendo a María, Reina Amadísima de mi corazón,
Francisco.
viernes, 15 de julio de 2011
Testimonio - ¿por qué no?
La Virgen quiere regalarnos hoy, un día antes de su Fiesta, el testimonio de un joven seguidor del blog que se siente llamado a ser SACERDOTE. Pedid por él.
La primera vez que se me pasó por la cabeza la idea de ser sacerdote fue hace unos dos años y medio, con catorce años. Llevaba ya bastante tiempo acudiendo a misa todos los fines de semana y cada vez crecía más mi interés por Dios, lo que sorprendía a mi familia, ya que ésta es poco creyente. Algunos familiares y conocidos bromeaban diciendo que yo iba a ser cura, a lo que yo respondía negativamente con mucha seguridad.
Sin embargo, cada vez era mayor mi admiración por el ejemplo de un buen sacerdote, hasta que cierto día me lo planteé, ¿por qué no sacerdote? En aquel momento me llené de miedo y angustia, esto no podía estar pasándome a mí, yo siempre había tenido muy claro que quería realizar una carrera universitaria, llegar a ser profesor y llevar una vida acomodada, y esto cambiaba todos mis sueños y proyectos.
A pesar de todo, el sacerdocio me atraía con mucha fuerza y cada vez me ilusionaba menos la universidad y todo lo que antes había deseado. Era una idea que no podía quitarme de la cabeza.
Pero el miedo a equivocarme, a la reacción de mis padres y de mi entorno y el sentirme indigno de esa vocación, me llevaron a intentar convencerme a mí mismo de que no era la voluntad de Dios, sino que eran mis aspiraciones. No obstante, no conseguía eliminar la idea de mi mente y mi corazón se agitaba y se llenaba de una alegría muy profunda cuando pensaba en el Seminario y en entregar toda mi vida al Señor.
A veces conseguía olvidarlo temporalmente, pero distintos hechos o situaciones hacían que la idea resurgiese de nuevo con la misma fuerza. Al principio pensaba que eran simples casualidades, pero poco a poco me voy dando cuenta de que son señales que Él me va dando.
Dios ha estado ahí en todo momento guiándome, hablándome a través de los acontecimientos y de personas que ha puesto en mi camino y ayudándome a hacer cosas y dar pasos que nunca me creí capaz de dar.
En este momento de mi vocación me siento más tranquilo y confiado que cuando empezó todo, ya que me he dado cuenta de cómo Cristo me ha ido marcando el camino, sosteniéndome a pesar de mis dudas y de mi debilidad y facilitándolo todo.
Aunque soy consciente de las dificultades a las que me enfrento y me da verdadero pánico la reacción de mi familia y de muchas personas que conozco, se que si es su voluntad se cumplirá, pues para Él nada es imposible, y que debo estar muy agradecido por este gran regalo que me ofrece.
La primera vez que se me pasó por la cabeza la idea de ser sacerdote fue hace unos dos años y medio, con catorce años. Llevaba ya bastante tiempo acudiendo a misa todos los fines de semana y cada vez crecía más mi interés por Dios, lo que sorprendía a mi familia, ya que ésta es poco creyente. Algunos familiares y conocidos bromeaban diciendo que yo iba a ser cura, a lo que yo respondía negativamente con mucha seguridad.
Sin embargo, cada vez era mayor mi admiración por el ejemplo de un buen sacerdote, hasta que cierto día me lo planteé, ¿por qué no sacerdote? En aquel momento me llené de miedo y angustia, esto no podía estar pasándome a mí, yo siempre había tenido muy claro que quería realizar una carrera universitaria, llegar a ser profesor y llevar una vida acomodada, y esto cambiaba todos mis sueños y proyectos. A pesar de todo, el sacerdocio me atraía con mucha fuerza y cada vez me ilusionaba menos la universidad y todo lo que antes había deseado. Era una idea que no podía quitarme de la cabeza.
Pero el miedo a equivocarme, a la reacción de mis padres y de mi entorno y el sentirme indigno de esa vocación, me llevaron a intentar convencerme a mí mismo de que no era la voluntad de Dios, sino que eran mis aspiraciones. No obstante, no conseguía eliminar la idea de mi mente y mi corazón se agitaba y se llenaba de una alegría muy profunda cuando pensaba en el Seminario y en entregar toda mi vida al Señor.
A veces conseguía olvidarlo temporalmente, pero distintos hechos o situaciones hacían que la idea resurgiese de nuevo con la misma fuerza. Al principio pensaba que eran simples casualidades, pero poco a poco me voy dando cuenta de que son señales que Él me va dando.
Dios ha estado ahí en todo momento guiándome, hablándome a través de los acontecimientos y de personas que ha puesto en mi camino y ayudándome a hacer cosas y dar pasos que nunca me creí capaz de dar.
En este momento de mi vocación me siento más tranquilo y confiado que cuando empezó todo, ya que me he dado cuenta de cómo Cristo me ha ido marcando el camino, sosteniéndome a pesar de mis dudas y de mi debilidad y facilitándolo todo. Aunque soy consciente de las dificultades a las que me enfrento y me da verdadero pánico la reacción de mi familia y de muchas personas que conozco, se que si es su voluntad se cumplirá, pues para Él nada es imposible, y que debo estar muy agradecido por este gran regalo que me ofrece.
martes, 12 de julio de 2011
"Apresuraos, os lo suplico"
Es muy fácil, facilísimo, perder la vocación en mitad del mundo. El demonio se sirve mucho de este estado en el que la persona no está armada, aún, con un ambiente poco provocador y de gran devoción.
La persona que vive todavía sin poder cumplir la Voluntad de Dios vive en una guerra tan extremadamente crucial que más le valdría poner todos sus empeños en salir victorioso; de otra forma estará en juego su misma salvación. Es una lucha cruenta en la que el enemigo pone todo de su parte, sirviéndose del mundo, de la carne y de nuestras debilidades para conseguir su objetivo.
Hay que tener claro que por nada del mundo permitirán “los de abajo” que el Señor sea bendecido en otro corazón-sagrario más. Cada persona, con su libertad, tiene mucho valor pero, a la vez, es extremadamente débil. Llegar a tomar conciencia de esta gran verdad es un paso enorme hacia esa victoria de la que hablamos. Las cosas se deben llamar por su nombre, con mucha humildad, pero sin obviar nada, que el Señor no nos quiere tibios. Por eso, les dejo con San Alfonso María de Ligorio que en su libro “La vocación religiosa” nos dice:
"Las luces que el Señor nos comunica son pasajeras y no permanentes; por esto nos aconseja SANTO TOMÁS que respondamos sin tardanza a los divinos llamamientos. Se pregunta en la Suma Teológica si es laudable entrar en religión sin pedir consejo a muchos y sin deliberar largamente, y responde afirmativamente, dando por razón que en los negocios de bondad dudosa es necesario el consejo y la madura deliberación; mas no en esto de la vocación, que es a todas luces bueno, puesto que el mismo Jesucristo lo aconseja en el Evangelio, pues de todos es sabido que la vida religiosa es la práctica de los consejos que nos dio el divino Maestro.
Es cosa sorprendente ver cómo las gentes del siglo, cuando una persona trata de entrar en religión y llevar vida más perfecta y libre de los peligros que se corren en el mundo, dicen que tales resoluciones hay que tomarlas muy despacio y con calma, y que no se deben llevar a la práctica hasta quedar plenamente convencido de que la vocación viene de Dios, y no del demonio. ¿Por que no piensan y hablan de la misma manera cuando se trata de aceptar una dignidad, un obispado, por ejemplo, donde hay tanto peligro de perderse? Entonces se callan y no dicen que se deben tomar las debidas precauciones para cerciorarse si la vocación viene o no de parte de Dios.
SANTO TOMÁS dice que, aunque la vocación religiosa la inspirase el mismo demonio, aun en este caso habría que seguir su consejo, por ser excelente, no obstante venir de nuestro capital enemigo. Y SAN JUAN CRISÓSTOMO, citado por el mismo Santo Doctor, dice que cuando Dios nos favorece con semejantes inspiraciones exige de nosotros tan pronta obediencia, que ni por un instante siquiera vacilemos en seguirle. La razón es porque Dios, cuando ve a un alma rendida a su voluntad y mandamiento, se complace en derramar sobre ella a manos llenas sus gracias y bendiciones; y por el contrario, las dilaciones y tardanzas le desagradan tanto, que luego le encogen la mano y le obligan a alejarse con sus luces y gracias, dejando al alma casi abandonada y sin fuerzas para seguir los impulsos del llamamiento divino.
Por esto dice SAN JUAN CRISÓSTOMO que cuando el demonio es impotente para hacer abandonar a uno la resolución de consagrarse a Dios, se esfuerza por estorbarle que la lleve luego a la práctica, seguro de sacar no poco provecho cuando consigue que se prolongue la estancia en el mundo un solo día y hasta una sola hora; porque confía que durante ese día y esa hora se le han de presentar nuevas ocasiones harto propicias para lograr mas largas dilaciones, y el alma, por su parte, cada vez más débil y menos asistida de la gracia divina, cede al fin a los impulsos del demonio y abandona la vocación. ¿Quién podrá decir las almas que han sido infieles a los divinos llamamientos por no haber respondido luego a la VOZ de Dios? Por esto SAN JERÓNIMO dirigiéndose a los que se sienten llamados a abandonar el mundo, les dice: "Apresuraos, os lo suplico, daos prisa; y mejor que desatar, romped las amarras que detienen en la ribera vuestra barquilla".
Oigamos lo que dice SAN FRANCISCO DE SALES en sus obras acerca de la vocación religiosa;
"Señal de verdadera y buena vocación es sentirse alentado a seguirla en la parte superior del alma, aunque no se experimente algún gusto sensible. Por tanto, no debe creerse que no tiene verdadera vocación el alma que, aun antes de abandonar el mundo, ha dejado de sentir aquellos afectos sensibles que al principio experimentaba, y que en cambio siente tanto disgusto y frialdad, que le hacen vacilar, dándolo todo por perdido. Basta que la voluntad permanezca firme y dispuesta a seguir el divino llamamiento, y aun menos: basta que sienta alguna inclinación hacia la vida religiosa. Para saber si Dios llama a uno a la religión, no hay que esperar a que el mismo Dios le hable, o le envíe un ángel del cielo que le declare su voluntad. Tampoco es menester someter nuestra vocación a un examen de diez doctores para saber si debemos o no seguirla; lo que si importa mucho es corresponder y cultivar el primer movimiento de la inspiración divina, y luego, no turbarse ni desalentarse por los disgustos y frialdad que sobrevengan; obrando así, Dios se encargará de que redunde todo en su mayor gloria.”viernes, 1 de julio de 2011
Deberíamos profundizar
"Siempre sean verdaderos testigos del amor solícito y misericordioso de Dios”
Así es como acaba la petición por los sacerdotes que proponía el Papa para el pasado mes. Y no es hasta hoy cuando se entiende con toda plenitud su significado, en el día del Sagrado Corazón de Jesús.
Esta es una solemnidad en la que todos los católicos, y en especial los llamados a la vida religiosa, deberíamos profundizar y celebrar como se merece. Una lectura sobre el significado, una buena confesión y participar en la Eucaristía con la comunión reparadora haría mucho bien a cualquier católico. Pero, ¿y para una persona con vocación religiosa?
Si el Papa le pide al sacerdote "ser verdadero testigo del amor solícito y misericordioso de Dios" a los que somos llamados a la vocación religiosa nos pide SER ESE AMOR. La vocación religiosa no es sino una entrega total, rotunda y absoluta a Dios, abrasándonos en las llamas de Amor que tiene por el mundo, muriendo a uno mismo cada instante, y así, dejarle todo el espacio a Él: ser religioso o religiosa es ser parte del Corazón de Cristo.
Santa Teresita lo expresó muy bien: "en el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el Amor." Cristo nos enseñó que la vocación religiosa es un atenderle completamente para aprender de Él y dejarle actuar en nosotros de tal forma que "ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí" (Gál 2, 20) Dentro del Cuerpo, que es la Iglesia, los religiosos somos su Corazón espiritual. Nuestra única ciencia es el Amor.
El corazón es el encargado de latir y latir, sin descanso, para llevar vida al resto del cuerpo. Si se para, el resto de órganos está perdido. Pues, de la misma forma tenemos que ser todo corazón: sin parar, dar y dar a Dios a los demás. Pero, ¿qué ocurre si nos cansamos? Hay que ponerlo TODO en Dios y para Dios, y sacar de Él, mediante la oración y la Eucaristía, todo lo necesario para el Cuerpo, que es la Iglesia.
Por eso, una buena forma de celebrar este día para toda persona con vocación, es la oración profunda delante del Sagrario dándose por entero a este Amor. Olvidarse de sí para hallar a Dios en tu alma es la misión de este día. Sólo así, hermanos, podremos ser LOS testigos pues donde vayamos nosotros, irá por delante, siempre por delante, el AMOR DE DIOS.
Así es como acaba la petición por los sacerdotes que proponía el Papa para el pasado mes. Y no es hasta hoy cuando se entiende con toda plenitud su significado, en el día del Sagrado Corazón de Jesús.
Esta es una solemnidad en la que todos los católicos, y en especial los llamados a la vida religiosa, deberíamos profundizar y celebrar como se merece. Una lectura sobre el significado, una buena confesión y participar en la Eucaristía con la comunión reparadora haría mucho bien a cualquier católico. Pero, ¿y para una persona con vocación religiosa?
Si el Papa le pide al sacerdote "ser verdadero testigo del amor solícito y misericordioso de Dios" a los que somos llamados a la vocación religiosa nos pide SER ESE AMOR. La vocación religiosa no es sino una entrega total, rotunda y absoluta a Dios, abrasándonos en las llamas de Amor que tiene por el mundo, muriendo a uno mismo cada instante, y así, dejarle todo el espacio a Él: ser religioso o religiosa es ser parte del Corazón de Cristo.
Santa Teresita lo expresó muy bien: "en el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el Amor." Cristo nos enseñó que la vocación religiosa es un atenderle completamente para aprender de Él y dejarle actuar en nosotros de tal forma que "ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí" (Gál 2, 20) Dentro del Cuerpo, que es la Iglesia, los religiosos somos su Corazón espiritual. Nuestra única ciencia es el Amor.
El corazón es el encargado de latir y latir, sin descanso, para llevar vida al resto del cuerpo. Si se para, el resto de órganos está perdido. Pues, de la misma forma tenemos que ser todo corazón: sin parar, dar y dar a Dios a los demás. Pero, ¿qué ocurre si nos cansamos? Hay que ponerlo TODO en Dios y para Dios, y sacar de Él, mediante la oración y la Eucaristía, todo lo necesario para el Cuerpo, que es la Iglesia.
Por eso, una buena forma de celebrar este día para toda persona con vocación, es la oración profunda delante del Sagrario dándose por entero a este Amor. Olvidarse de sí para hallar a Dios en tu alma es la misión de este día. Sólo así, hermanos, podremos ser LOS testigos pues donde vayamos nosotros, irá por delante, siempre por delante, el AMOR DE DIOS.
martes, 28 de junio de 2011
Lógicamente defraudar
El día del Corpus Christi es uno de los días que esplendor tiene en la Iglesia. Es Cristo mismo el que quiere procesionar por todos los lugares católicos. Cuanta más solemnidad se le dé a la fiesta, mejor.
Ese día se derra
man Gracias enormes desde el Cielo, como no podía ser menos, teniendo el Dios que tenemos, que nos ama hasta la locura: no nos puede querer más.
Y es que de querer o no querer va la entrada de hoy. El domingo (o jueves) se vieron los templos llenos de niños y niñas vestidos de primera comunión. Otra muestra más de la importancia que se le tiene que dar a esta Solemnidad. Entre las custodias y las calles engalanadas como nunca, se ven las sonrisas de los padres de esos niños y niñas. En sus familias es un día feliz.
Recuerdo que un catequista de primera comunión le preguntó a un niño qué haría el día de su Primera Comunión.
-Una fiesta que mis padres me están preparando. Y el día del Corpus otra.
Todo era poco para su pequeño. Una fiesta que estaban preparando sus padres...
-Pues en el Cielo ese día estarán de Fiesta Mayor porque Cristo entrará y anidará en tu corazón. Serás como un pequeño Sagrario, una Virgen María a lo diminuto.
Mucho, mucho no lo entendió. Lo único que estaba claro es que sus padres le habían preparado una fiesta. Sus padres... cuanto le quieren. Los padres y madres muy contentos ese día. Estaban contentos porque su hijo daba un paso más en la fe...
Pasaron unos 10 años y el niño quiso no pudo resistir más la llamada de Dios. Había comprendido lo que su catequista le había dicho sobre la Comunión. Amó mucho a Dios y Dios lo llamó para Sí. Quiso entrar en el Seminario Diocesano, para ser sacerdote y poder dar la comunión y hablar sobre ella, y poder traer a Cristo a los hombres... Tenía unos deseos grandísimos de santidad y estaba dispuesto a todo con tal de conseguirlo....
El chico pensó que sus padres, que tanto le habían animado a que hiciera la Primera Comunión, y que tantas fiestas (señal de alegría) le habían preparado, se pondrían muy felices. Al contarlo se encontró con gritos, malas caras, lágrimas... sintió MIEDO. Y sabía que el miedo no era
precisamente lo que había traído Jesús al mundo. Así que se armó con la oración y con la confianza del que todo apuesta por seguro. Entró al seminario y se sintió LIBRE.
Al cabo de los años, en su primera Misa lo primero que recordó en la homilía fue a su familia. Les agradeció su postura de no hablarle durante años pues no hicieron más que reafirmar su vocación. Y a continución hizo un llamamiento a los padres que había presentes con sus niños: el día del Corpus que sólo hicieran fiesta si querían lo mejor para su hijo, es decir, la Voluntad de Dios pues - reconoció - muchas vocaciones se pierden por no querer defraudar a la familia. Y es que querer, hermanos, verdaderamente querer, es querer lo que Dios quiere.
Habría mucho que decir, pero está claro que para ser feliz únicamente hay que cumplir la Voluntad de Dios, cueste lo que cueste.
Ese día se derra
man Gracias enormes desde el Cielo, como no podía ser menos, teniendo el Dios que tenemos, que nos ama hasta la locura: no nos puede querer más.Y es que de querer o no querer va la entrada de hoy. El domingo (o jueves) se vieron los templos llenos de niños y niñas vestidos de primera comunión. Otra muestra más de la importancia que se le tiene que dar a esta Solemnidad. Entre las custodias y las calles engalanadas como nunca, se ven las sonrisas de los padres de esos niños y niñas. En sus familias es un día feliz.
Recuerdo que un catequista de primera comunión le preguntó a un niño qué haría el día de su Primera Comunión.
-Una fiesta que mis padres me están preparando. Y el día del Corpus otra.
Todo era poco para su pequeño. Una fiesta que estaban preparando sus padres...
-Pues en el Cielo ese día estarán de Fiesta Mayor porque Cristo entrará y anidará en tu corazón. Serás como un pequeño Sagrario, una Virgen María a lo diminuto.
Mucho, mucho no lo entendió. Lo único que estaba claro es que sus padres le habían preparado una fiesta. Sus padres... cuanto le quieren. Los padres y madres muy contentos ese día. Estaban contentos porque su hijo daba un paso más en la fe...
Pasaron unos 10 años y el niño quiso no pudo resistir más la llamada de Dios. Había comprendido lo que su catequista le había dicho sobre la Comunión. Amó mucho a Dios y Dios lo llamó para Sí. Quiso entrar en el Seminario Diocesano, para ser sacerdote y poder dar la comunión y hablar sobre ella, y poder traer a Cristo a los hombres... Tenía unos deseos grandísimos de santidad y estaba dispuesto a todo con tal de conseguirlo....
El chico pensó que sus padres, que tanto le habían animado a que hiciera la Primera Comunión, y que tantas fiestas (señal de alegría) le habían preparado, se pondrían muy felices. Al contarlo se encontró con gritos, malas caras, lágrimas... sintió MIEDO. Y sabía que el miedo no era
precisamente lo que había traído Jesús al mundo. Así que se armó con la oración y con la confianza del que todo apuesta por seguro. Entró al seminario y se sintió LIBRE.Al cabo de los años, en su primera Misa lo primero que recordó en la homilía fue a su familia. Les agradeció su postura de no hablarle durante años pues no hicieron más que reafirmar su vocación. Y a continución hizo un llamamiento a los padres que había presentes con sus niños: el día del Corpus que sólo hicieran fiesta si querían lo mejor para su hijo, es decir, la Voluntad de Dios pues - reconoció - muchas vocaciones se pierden por no querer defraudar a la familia. Y es que querer, hermanos, verdaderamente querer, es querer lo que Dios quiere.
Habría mucho que decir, pero está claro que para ser feliz únicamente hay que cumplir la Voluntad de Dios, cueste lo que cueste.
jueves, 23 de junio de 2011
domingo, 19 de junio de 2011
Oración por la vida consagrada contemplativa

Hoy quiero ser breve. Hoy quiero ser más contemplativo.
El corazón de la Iglesia: los contemplativos y contemplativas. Desean ser todo; hacen suya la Palabra, hasta el punto de regar con su oración y sacrificio toda la siembra del resto de la Iglesia. Vida contemplativa: valor a descubrir, tesoro que guardar, custodia que alzar... Corazón del que aprender.
"Ser tu esposa , ¡oh, Jesús!, ser carmelita , ser por mi unión contigo madre de las almas, debería bastarme... No es así... Ciertamente, estos tres privilegios constituyen mi vocación: CARMELITA, ESPOSA Y MADRE." (Santa Teresita del Niño Jesús)
" Sin embargo, siento en mí otras vocaciones: Siento la vocación de GUERRERO, de SACERDOTE, de APÓSTOL, de DOCTOR, de MÁRTIR. Siento, en una palabra, la necesidad, el deseo de realizar por ti, Jesús, las más heroicas acciones..."(Santa Teresita del Niño Jesús)
En definitiva, ser contemplativo, ser todo para llegar a todos, para llegar al Todo: ser como María. Hoy nos toca rezar por ellos, que ellos siempre rezan por nosotros. Os encomiendo a Ella, Nuestra Madre, María.
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martes, 14 de junio de 2011
¿Qué pensaban en el siglo XVII del sacerdocio?
Hace dos días, el 12 de junio, se cumplían los 399 años del nacimiento de la madre Antonia de Jesús, OAR, fundadora en proceso de beatificación.
Ya he publicado varias cosas sobre esta monja del siglo XVII que inició la recolección agustina inspirada por los escritos de Santa Teresa de Jesús. Leer su única obra, "Las fundaciones", es una aventura espiritual que pone en su sitio las realidades del alma. Con un criterio buenísimo, la madre explica muy sencillamente toda su vida de entrega a Dios, en biosíntesis con la realización de la Voluntad de Dios en las 4 fundaciones (que perduran hoy día).
Una de las virtudes más resaltada en la madre es su amor al Magisterio y a los sacerdotes. En este mes tan sacerdotal, nos dice la autora de "Las fundaciones",
"Un sacerdote dijo de mí a una señora un día: Mire, señora, no deje entrar a esta embustera en su casa. Yo así que lo oí, me arrojé a sus pies, porque era religioso y sacerdote, y díjele: Padre mío, por amor de Dios, perdónem si acaso lo he ofendido en algo que yo no sepa conocer, porque siempre lo he estimado mucho, y he deseado servirle ."
Recuerda tanto este episodio al del padre Pío cuando le comentaron que su Obispo lo criticaba... Amor por encima de todo al sacerdocio, por encima de todo... ¡Qué exagerado parece en este tiempo un amor tan extremo! Sin embargo, ¿quién no ama a quien tanto ama Dios? ¿quién no ama a quién hacen posible que el perdón y la Eucaristía vengan a nosotros? Pero la madre insiste:
"El medio más eficaz que las almas pueden poner es el frecuentar la Sagrada Comunión, y así, los confesores que a las almas que gobiernan las encaminan por este camino, las harán que lleguen más aprisa a la perfección."
"Los que dejan de hacer alguna cosa del servicio de Su Majestad por sujetarse a la obediencia de sus ministros y rinden su juicio, no por eso pierden la virtud, antes dispone Dios el sacar de este rendimiento muchos aumentos en las mismas virtudes que deseaban."
Tenía un conocimiento enorme de las virtudes que un sacerdote debe tener para dirigir almas. Santa Teresita escribe lo mismo en su "Historia de un alma". Y al igual que ella, amaba tanto a las almas que valoraba enormemente el bien tan grande que puede hacer un sacerdote:
"...que alentase a todos a la frecuencia de la Sagrada Comunión, que decía: Quien fuera tan dichosa que pudiera subirse al púlpito y dar muchas voces diciendo a todos: COMULGAD, COMULGAD a menudo los que queréis enmendar vuestras vidas, que en ésta Señor hallaréis, Maestro y Guía, y todo vuestro bien y remedio de todas vuestras necesidades."
Pero las cosas, en extremo, salvo el Amor a Dios, se convierten en verdaderos enemigos del alma. Por eso con acierto afirma que:
"No tengo mi confianza puesta en el Señor Arzobispo, sino en Dios, y Él me ha de ayudar."
Estos son sólo algunos extractos de toda la obra que la madre escribió por obediencia. En las contadas ocasiones que he aprovechado este blog para animaros verdaderamente a moveros ha sido porque realmente era algo de lo que podemos sacar mucho provecho espiritual. Esta es una de esas ocasiones: leed este libro, conoced a la madre Antonia de Jesús y rezad para que el milagro se dé pronto y podamos venerarla como beata.
Cualquier información, estampas u obras en:

Ya he publicado varias cosas sobre esta monja del siglo XVII que inició la recolección agustina inspirada por los escritos de Santa Teresa de Jesús. Leer su única obra, "Las fundaciones", es una aventura espiritual que pone en su sitio las realidades del alma. Con un criterio buenísimo, la madre explica muy sencillamente toda su vida de entrega a Dios, en biosíntesis con la realización de la Voluntad de Dios en las 4 fundaciones (que perduran hoy día).
Una de las virtudes más resaltada en la madre es su amor al Magisterio y a los sacerdotes. En este mes tan sacerdotal, nos dice la autora de "Las fundaciones",
"Un sacerdote dijo de mí a una señora un día: Mire, señora, no deje entrar a esta embustera en su casa
Recuerda tanto este episodio al del padre Pío cuando le comentaron que su Obispo lo criticaba... Amor por encima de todo al sacerdocio, por encima de todo... ¡Qué exagerado parece en este tiempo un amor tan extremo! Sin embargo, ¿quién no ama a quien tanto ama Dios? ¿quién no ama a quién hacen posible que el perdón y la Eucaristía vengan a nosotros? Pero la madre insiste:
"El medio más eficaz que las almas pueden poner es el frecuentar la Sagrada Comunión, y así, los confesores que a las almas que gobiernan las encaminan por este camino, las harán que lleguen más aprisa a la perfección."
"Los que dejan de hacer alguna cosa del servicio de Su Majestad por sujetarse a la obediencia de sus ministros y rinden su juicio, no por eso pierden la virtud, antes dispone Dios el sacar de este rendimiento muchos aumentos en las mismas virtudes que deseaban."
Tenía un conocimiento enorme de las virtudes que un sacerdote debe tener para dirigir almas. Santa Teresita escribe lo mismo en su "Historia de un alma". Y al igual que ella, amaba tanto a las almas que valoraba enormemente el bien tan grande que puede hacer un sacerdote:
"...que alentase a todos a la frecuencia de la Sagrada Comunión, que decía: Quien fuera tan dichosa que pudiera subirse al púlpito y dar muchas voces diciendo a todos
Pero las cosas, en extremo, salvo el Amor a Dios, se convierten en verdaderos enemigos del alma. Por eso con acierto afirma que:
"No tengo mi confianza puesta en el Señor Arzobispo, sino en Dios, y Él me ha de ayudar."
Estos son sólo algunos extractos de toda la obra que la madre escribió por obediencia. En las contadas ocasiones que he aprovechado este blog para animaros verdaderamente a moveros ha sido porque realmente era algo de lo que podemos sacar mucho provecho espiritual. Esta es una de esas ocasiones: leed este libro, conoced a la madre Antonia de Jesús y rezad para que el milagro se dé pronto y podamos venerarla como beata.
Cualquier información, estampas u obras en:
corpus@valnet.es
CONVENTO CORPUS CHRISTI
CONVENTO CORPUS CHRISTI
C/ Gracia, 9 GRANADA
sábado, 11 de junio de 2011
"Siembras mucho y riegas poco"
"Unirse al corazón de Cristo". Así empieza la petición del Santo Padre este mes por los sacerdotes.
Cuando estaba en pleno discernimiento conocí a un seminarista muy joven. Ya apuntaba maneras: se entregaba del todo a los demás, no se reservaba nada. Además, era inteligentísimo. Estuve en su ordenación.
Su primer destino fue una gran parroquia de la capital: muchísimo trabajo, muchas misas, mucha gente joven, mucha indigencia. Recuerdo que a escondidas daba de desayunar a los que se acercaban a pedir algo de limosna. Se quedaba sin dinero, y claro, su familia tenía que ayudarle.
Al poco tiempo, dijo que lo dejaba todo y que quería estudiar una carrera. No quiso saber nada de nadie. La única forma que tenía de saber de él fue por su familia. Y hasta hoy.
Al poco tiempo, dos sacerdotes y compañeros suyos también decidieron abandonar el sacerdocio y así lo hicieron.
He pensado mucho el por qué de estas decisiones. Y no ha sido hasta leer las palabras del Papa cuando lo he entendido. Unirse al Corazón de Cristo... al Corazón... el corazón del sacerdote como el de Cristo... Sin duda aquí está la clave: amar como Él a Dios y a los hombres. ¿Qué ocurre si no cuidamos la vida de oración? Podríamos hacer muchos cosas, pero todas en vano. Como le dijo la Virgen a Santo Domingo de Guzmán: "Siembras mucho y riegas poco."
Me da la sensación de que vivimos muy humanizados, muy "laicados". Cuantas más cosas hagamos para que los seglares nos sintamos parte activa de la Iglesia mucho mejor. Pero tengo que confesar que en contandísimas oraciones he oído a un sacerdote hablar de Dios fuera del templo. "De la
abundancia del corazón habla la boca." (Lc 6, 45) Y rezar... en tres ocasiones en toda mi vida, que yo recuerde.
No es malo, muy al contrario, el trabajo por la integración de los seglares; es muy necesario. Pero, hermanos, la oración lo riega todo, lo colma todo, lo ama todo.
Me crucé hace unas semanas con este amigo que abandonó el sacerdocio. Estaba acabando estudios, muchos proyectos... pero le noté triste. "Cuando quieras puedes llamarme y charlamos. Ya sabes, ante todo busca primero la paz." Sonrió, me dijo que tenía prisa... "Pediré por ti." Y hasta hoy. ¡Cuánto sufrimiento innecesario, hermanos!
Os encomiendo a María.
Cuando estaba en pleno discernimiento conocí a un seminarista muy joven. Ya apuntaba maneras: se entregaba del todo a los demás, no se reservaba nada. Además, era inteligentísimo. Estuve en su ordenación.
Su primer destino fue una gran parroquia de la capital: muchísimo trabajo, muchas misas, mucha gente joven, mucha indigencia. Recuerdo que a escondidas daba de desayunar a los que se acercaban a pedir algo de limosna. Se quedaba sin dinero, y claro, su familia tenía que ayudarle.
Al poco tiempo, dijo que lo dejaba todo y que quería estudiar una carrera. No quiso saber nada de nadie. La única forma que tenía de saber de él fue por su familia. Y hasta hoy.
Al poco tiempo, dos sacerdotes y compañeros suyos también decidieron abandonar el sacerdocio y así lo hicieron.
He pensado mucho el por qué de estas decisiones. Y no ha sido hasta leer las palabras del Papa cuando lo he entendido. Unirse al Corazón de Cristo... al Corazón... el corazón del sacerdote como el de Cristo... Sin duda aquí está la clave: amar como Él a Dios y a los hombres. ¿Qué ocurre si no cuidamos la vida de oración? Podríamos hacer muchos cosas, pero todas en vano. Como le dijo la Virgen a Santo Domingo de Guzmán: "Siembras mucho y riegas poco."
Me da la sensación de que vivimos muy humanizados, muy "laicados". Cuantas más cosas hagamos para que los seglares nos sintamos parte activa de la Iglesia mucho mejor. Pero tengo que confesar que en contandísimas oraciones he oído a un sacerdote hablar de Dios fuera del templo. "De la
abundancia del corazón habla la boca." (Lc 6, 45) Y rezar... en tres ocasiones en toda mi vida, que yo recuerde.No es malo, muy al contrario, el trabajo por la integración de los seglares; es muy necesario. Pero, hermanos, la oración lo riega todo, lo colma todo, lo ama todo.
Me crucé hace unas semanas con este amigo que abandonó el sacerdocio. Estaba acabando estudios, muchos proyectos... pero le noté triste. "Cuando quieras puedes llamarme y charlamos. Ya sabes, ante todo busca primero la paz." Sonrió, me dijo que tenía prisa... "Pediré por ti." Y hasta hoy. ¡Cuánto sufrimiento innecesario, hermanos!
Os encomiendo a María.
miércoles, 1 de junio de 2011
Tres cosas a cuidar

“Para que los sacerdotes, unidos al Corazón de Cristo, siempre sean verdaderos testigos del amor solícito y misericordioso de Dios”
Esta es la intención general del Santo Padre para el mes de junio, que como todos sabéis está dedicado especialmente al Sagrado Corazón de Jesús. ¡Qué necesario es pedir al Señor por esta intención!
Primero.- UNIRSE AL CORAZÓN DE CRISTO
Esto no es otra cosa que "configurarse con Cristo en la Cruz".
Segundo.- SIEMPRE SER VERDADEROS TESTIGOS
El sacerdote no puede perder de vista su misión: imitar a Cristo en su vida y darlo a los demás. En definitiva, ser testigos en medio del mundo.
Tercero.- AMOR SOLÍCITO Y MISERICORDIOSO DE DIOS
Fundamentar toda la vida y la muerte en el Amor de Dios, que no es un amor cualquiera: pide mucho pero da más.
Ha querido el Señor ponerme a lo largo de estos años a muchas personas con vocación sacerdotal. Algunos se han lanzado a vivirla plenamente, e incluso algunos pocos han sido ordenados pero han acabado abandonando su vocación. Durante este mes iré contando alguna de estas experiencias pues, como el Papa propone, uno de estos tres factores falla en muchas.
jueves, 26 de mayo de 2011
Regalo de Dios
Como preparación para el mes que viene, os dejo hoy una gran reflexión audiovisual (muy bien hecha) sobre el Cemento que une las Piedras Vivas del Templo: los SACERDOTES. Ya sabéis que cualquiera que tenga una inquietud, duda o necesite más información puede ponerse en contacto en matsim100@hotmail.com. Hallaréis un grupo de laicos y sacerdotes que unicamente buscamos ayudaros, Evangelio en mano, a descubrir vuestra vocación, sacerdotal o no.
Mucho ánimo, pidamos muchos sacerdotes por mediación de María. Especialmente encomendemos a nuestro hermano Juanmi, que está inmerso en un discernimiento profundo sobre su vocación. A todos, os encomiendo a María.
Mucho ánimo, pidamos muchos sacerdotes por mediación de María. Especialmente encomendemos a nuestro hermano Juanmi, que está inmerso en un discernimiento profundo sobre su vocación. A todos, os encomiendo a María.
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