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"Vocación es un darse a Dios, con tal ansia, que hasta duelen las raíces del corazón al arrancarse" Beato "Lolo"







Me agradará enormemente compartir vuestras alegrías, pero mucho más lo hará el que podamos superar juntos las dificultades que se nos presenten en la que, sin duda, será la mayor aventura de nuestras vidas. Para ello podeis escribirme cada vez que lo deseeis a escalandolacima@gmail.com




martes, 13 de julio de 2010

Delicadezas de María

¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,
¡rompe la tela de este dulce encuentro!


Cada año, se celebra en la capilla donde murió San Juan de la Cruz un "conciertico", como diría la santa de Ávila, por la noche. Nunca he podido estar, pero conseguí hacerme con los poemas cantados de esa noche. Cada vez que puedo escucho este poema. Ahora me gusta el doble.

Recuerdo un día, en Barcelona, el día en que acababa de ser elegido Papa Benedicto XVI. Estabamos de viaje de fin de curso y nos llevaron a un centro comercial. Yo tenía muchas ganas de comprar una biografía de Juan Pablo II. Allá que fui a la sección de libros. Cogí el que quería y me fui a la caja. Cuando me tocó, la cajera, una mujer de mediana edad y bajita miró la portada y dejó el libro al lado. Me miró y en voz baja me dijo que esperara un momento. Atendió a toda la cola y cuando acabó, salió de detrás del mostrador y me dio un abrazo. Yo no entendía nada. Ante mi cara, que debía ser un poema, la señora me dijo su nombre. Yo le pregunté que si estaba bien. "Más que bien" me dijo. Me preguntó, muy sonriente, que si yo quería ser sacerdote. "¡Estamos apañados!" pensé. Era lo que me faltaba. Allí estaban mis amigos, a pocos metros, y esta mujer me hizo de sopetón, sin conocerla de nada, la pregunta que llevaba 8 años evitando. Y lo más extraño fue que no me dejó responderle. Se sacó un rosario del bolso, me contó que era de un grupo de seglares y me dio su dirección. "¡Cuando entres al seminario me mandas una carta! Mientras, reza, reza mucho por tu vocación".

Pasó un tiempo, y un día, viendo la televisión, salió el grupo al que pertene y di gracias a Dios por habermela puesto en el camino. Aturdido pero felicísimo, salí de la gran superficie. Si era la primera vez que salía sin mi familia del pueblo y había conseguido hablar de Dios con tanta facilidad no quería pensar lo que pasaría cuando saliera para siempre... en ese momento creo que cambié la fe del pueblo por la fe universal, sentí verdaderos deseos de hablar de Dios en voz alta. Estaba pletórico... Por poco tiempo; me enfrenté de golpe y porrazo con la realidad que tenía delante: en el viaje era conveniente no hablar mucho de la Iglesia y menos aún de Dios. He de confesaros que en aquel momento no vi lo que me cuidó la Virgen. Me monté en el autobús fatal, con ganas de llorar y sin hablar nada. No entendía nada. Tan sólo saqué el rosario y comencé a rezar. Desde entonces, no lo he dejado nunca.

No sé que fue de la señora, ni ella sabe lo que fue de mí. Pero los dos sabemos algo: rezamos siempre que podemos el rosario. Esto es lo que os quiero contar hoy, las delicadezas de María en mi vida.

No tengo queja, hermanos, no puedo tenerla. Ya desde pequeñito Ella se encargó de mí. Estaba yo en el vientre de mi madre. Contaba con 7 meses de vida. Debía estar muy tranquilo allí dentro. Fuera, mi familia estaba en la puerta de una ermita, saliendo de misa. De repente, se oyeron gritos. Mi madre no sabía qué pasaba. Alquien la tomó del brazo y la movió justo en el momento en el que caía un gran tablon de madera del tejado. Le rozó la barriga. Supongo que me asusté porque en la ecografía salgo chupandome el dedo. Cada vez que mi madre lo cuenta, dice que estaba pensando en poner unas flores a la Virgen cuando alguien la cogió. Es ahí cuando mi padre la interrumpe y dice que eso es imposible, mi madre se quedó sola en medio de la gente... Estuve tres años abriendo la ofrenda floral en esa ermita. ¡Veis, no me puedo quejar! Eso sí, siempre que salgo de una iglesia, miro arriba, por si acaso jeje.


No sé si algún lector será psicólogo pero, si es así, me alegro porque siempre he deseado contarle esto a uno. Con 5 años comencé la época de las pesadillas. Era algo terrible, lo recuerdo con muy mal sabor de boca. Siempre, después del Padre Nuestro y del Jesusito de mi vida, que me enseñó mi abuela, me acostaba y al poco tiempo, comenzaban las pesadillas. A los 2 meses, mi familia tomó cartas en el asunto. Me llevaron al psicólogo. Pero las cosas no cambiaron. Recuerdo todavía lo mucho que sudaba. Llegó la Virgen del Carmen y en mi familia siempre se rezaba una oración especial en estos días. Como yo ya era "mayor" mi abuela me la enseñó. La rezaba justo cuando el sol se estaba escondiendo. Nunca más volví a tener pesadillas. La Virgen no podía hacer oídos sordos a mis ruegos. Quizá, psicólogos, sería también conveniente que a veces recomendaráis algo de María. ¡Seguro que daría resultado!

Hoy, ha vuelto a haber otra delicadeza. Iba yo conduciendo, tan contento, al campo, a por unas cosas para el triduo de la Virgen. Es tradición montar en casa un pequeño altar en estas fechas. Estaba ocultandose el sol. Justo cuando me deslumbró y ¡paff! me choqué contra un remolque. Y encima no veía con lo que me había chocado. El susto que me llevé os lo podéis imaginar. Nunca había tenido un percance con el coche; hasta hoy. Gracias a Dios, no ocurrió nada, salvo al coche. Siniestros y partes aparte, di en ese momento muchas gracias. El dueño del remolque lo entendió. Era imposible ver nada. Y lo raro era que no me hubiera pasado nada a mí. ¿Lo veis? Sí, ahora estamos en casa sin coche por un tiempo, pero celebraremos estas fiestas del Carmen con más alegría si cabe.

No sé como transmitiros esta alegría tan grande que tengo. ¡La Virgen está atenta! Por eso, esta llama de Amor Viva sería imposible haberla mantenido sin Ella. Son llamas de Amor, llamas como las llamas del sol que me ha deslumbrado, como las llamas de miedo en el vientre materno, como esas llamas que me consumen por momentos, más y más, en deseos ardientes de entrega. Ella se encarga de mantenerlas encendidas en los malos momentos. Por eso no me extraña lo que hizo Santa Teresa cuando nadie la quería de priora: puso a la Virgen en su sillón. Así, conservó esa Llama de Amor.

Hoy, os he contado algunas de las muchas gracias físicas. Mañana os contaré las gracias espirituales. Tengo un gran amor a la Virgen. Desde ese Sí tan valioso, no le puedo negar nada. Me propuse hace un tiempo decirle a todo que sí. Así que, sí, Madre, me despido, que va siendo hora. Cuida de estos hermanos.

2 comentarios:

  1. Francisco;
    Dios te bendiga por contar estas cosas tan lindas. Qué hermosa que es la fe, el amor a María, las oraciones.......... Qué dichosos que somos en creer, en tener fe..
    Qué genial Teresa de Jesús, siempre tuvo a Santa María en medio de todos sus planes, cuando siendo niña perdió a su madre tomó a la Virgen por madre y nunca se separo de ella. Faltan pocos días para celebran a Ntra Sra del Monte Carmelo, unamonos en amor a ella.

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  2. Confieso que me has enternecido hasta lograr humedecer mis ojos hermano... y esa historia de la señora... Dios se vale tanto de los demás para hacernos saber lo que quiere... También es mi historia. Un gran abrazo.

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