
Ahora que se aproximan en España unas Elecciones Generales, os dejo esta reflexión que mi apreciado amigo Javier, tuvo a bien enviarme hace unos días. Espero que, como a mí, os resulte de provecho.
Reflexiones en el campo político
El hecho de que la Iglesia ni posea ni ofrezca un modelo particular de vida social, ni esté comprometida con ningún sistema político como una “vía” propia suya a elegir entre otros sistemas (GS 76, SRS 41), no quiere decir que no deba formar y animar a sus fieles – especialmente a los laicos – a que tomen conciencia de su responsabilidad en la comunidad política (GS 75), y opten a favor de soluciones, y a favor de un modelo, si lo hubiere, en el que la inspiración de la fe pueda llegar a ser praxis cristiana. Las orientaciones de la doctrina social de la Iglesia para la acción de los laicos son válidas tanto en materia política como en los otros campos de las realidades temporales en los que la Iglesia debe estar presente en virtud de su misión evangelizadora.
La fe cristiana, en efecto, valora y estima grandemente la dimensión política de la vida humana y de las actividades en que se manifiesta. De ello se deduce que la presencia de la Iglesia en el campo político es una exigencia de la fe misma, a la luz de la realeza de Cristo, que lleva a excluir la separación entre la fe y la vida diaria, “uno de los errores más graves de nuestra época” (GS 43). Sin embargo, evangelizar la totalidad de la existencia humana, incluida su dimensión política, no significa negar la autonomía de la realidad política, ni de la económica, de la cultura, de la técnica, etc., cada una en su propio campo.
Para comprender esta presencia de la Iglesia es bueno distinguir los “dos conceptos: política y compromiso político” (Documento de Puebla, 521, 523). En lo que se refiere al primer concepto, la Iglesia puede y debe juzgar los comportamientos políticos no sólo cuando rozan la esfera religiosa, sino también en todo lo que mira a la dignidad y a los derechos fundamentales del hombre, al bien común y a la justicia social: problemas todos que tienen una dimensión ética considerada y valorada por la Iglesia a la luz del Evangelio, en virtud de su misión de “evangelizar el orden político” y, por esto mismo, de humanizarlo enteramente. Se trata de una política entendida en su más alto valor sapiencial, que es deber de toda la Iglesia. En cambio, el compromiso político, en el sentido de tomar decisiones concretas, de establecer programas, de elegir campañas, de ostentar representaciones populares, de ejercer el poder, es un deber que compete a los laicos, según las leyes justas y las instituciones de la sociedad terrena de la que forman parte. Lo que la Iglesia pide y trata de procurar a estos hijos suyos es una conciencia recta conforme a las exigencias del propio Evangelio para obrar justa y responsablemente al servicio de la comunidad (C.I.C., can. 227).
“Los Pastores y los demás ministros de la Iglesia, para conservar mejor su libertad en la evangelización de la realidad política, se mantendrán al margen de los diversos partidos o grupos que pudieran crear divisiones o comprometer la eficacia del apostolado, y menos aún les darán apoyos preferentes, a no ser que en ‘circunstancias concretas’ lo exija el ‘bien de la comunidad” (Documento de Puebla, 526-527; C.I.C., can. 287).
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