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"Vocación es un darse a Dios, con tal ansia, que hasta duelen las raíces del corazón al arrancarse" Beato "Lolo"







Me agradará enormemente compartir vuestras alegrías, pero mucho más lo hará el que podamos superar juntos las dificultades que se nos presenten en la que, sin duda, será la mayor aventura de nuestras vidas. Para ello podeis escribirme cada vez que lo deseeis a escalandolacima@gmail.com




miércoles, 13 de marzo de 2013

La importancia de un nombre



Aunque era hoy mi intención publicar una entrada sobre otro tema, la elección del nuevo Papa me lleva a escribir estas líneas para compartir la alegría de todos los católicos y expresar la mía propia nada más ver las primeras imágenes del que hasta ahora había sido arzobispo de Buenos Aires. Su expresión dice mucho y, como pongo en el post, también es muy significativo el nombre que ha adoptado como pontífice. La admiración por el santo de Asís debe ser grande cuando ha querido llamarse como él y su gesto humilde de antes de dar su bendición pedirle a los fieles congregados en la plaza de San Pedro que rueguen a Dios para que lo bendiga antes a él, dice mucho.

En este momento en el que son millones de personas las que conocen la buena noticia a través de las nueves tecnologías, yo no hago sino unirme a ellas y compartir con vosotros el primer discurso del Santo Padre pidiéndoos a todos vosotros recéis por él como también yo lo hago. Que el Señor lo ilumine y le permita conducir a la Iglesia por la senda del amor a Dios y al prójimo que tantas veces se pierde por la maldad de los hombres.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Ayunos, penitencias y sacrificios



Con la llegada de la Cuaresma, las palabras que dan título a esta entrada comenzarán a escucharse una vez más con bastante frecuencia en los ámbitos religiosos.

De  pequeño recuerdo como nos enseñaban en casa la tradición de “guardar la Vigilia” que así llamaban en mi tierra a no comer carne los viernes siguientes hasta llegar a la Pascua. También los sacerdotes nos recordaban que había que hacer penitencia y el Miércoles de Ceniza nos dejaban un poco asustados con aquello de recordarnos que “polvo eres y en polvo te convertirás”… claro que nuestro entusiasmo infantil nos hacía olvidarnos pronto de la certera sentencia y nuestra mente parecía quedar lejos de esos sacrificios que tanto nos incidían debíamos llevar a cabo durante este tiempo… Después crecimos y  hubo algunos cambios en la Liturgia… el “memento mori” acabó siendo sustituido por el “Conviértete y cree en el Evangelio” y la Ceniza dejó de convertirse en un acto casi oficial de los colegios como lo fue en mis primeros años. 

Así llegamos a nuestros días, inmersos muchas veces en recuerdos de otras épocas, y notamos, sin embargo, que sigue habiendo cosas que, pese a escucharlas año tras año, no acabamos de otorgarle el verdadero sentido que habrían de tener. Y me explico: Siempre me he preguntado, por ejemplo, que sacrificio sería para un vegetariano el no comer carne los Viernes de Cuaresma, o qué supondría ayunar un día como hoy para una persona que ha probado ya siete sistemas de adelgazamiento distintos porque está bastante gruesa… En un caso y en otro, esta piadosa práctica que diferenciaba este tiempo de los demás del año, poco esfuerzo habría de suponerle a los ejemplos referidos.

Hubo tiempos (supongo que hoy también… hay gente para todo) que las gentes mortificaban sus cuerpos con sangrientas penitencias que les servían para recordar aún más la Pasión de Cristo. Sin embargo, ¿Cuántos estarían dispuestos a infringirse incluso un dolor corporal antes que volver a dirigirle la palabra, por ejemplo, a alguien que consideraban les había ofendido?... Nuestra vanidad, nuestra soberbia y orgullo, nuestra desidia… esos son los males que debemos desterrar en la Cuaresma y no quedarnos exclusivamente en lo externo, en la costumbre (por piadosa que sea) y en las palabras huecas que, como los buenos propósitos que se hacen a comienzos de año y se abandonan poco después, no sirven para nada.

Me gustaría que nos planteásemos penitencias positivas, ¿y qué es eso? Os preguntaréis muchos de vosotros. Pues, sencillamente, hacer aquello que nos cuesta trabajo y que a la vez puede beneficiar a alguien. Si os dijera, por establecer un supuesto, que me resulta cómodo poner una sonrisa y olvidar de corazón el daño que otra persona me haya causado, os mentiría, evidentemente. Hacer lo que os propongo sería para mí un sacrificio, pero si lo hago, conseguiría además que donde hubo odio se ponga amor, donde existía el resentimiento resplandezca el perdón. Eso puede costar, y mucho, pero podemos intentarlo… Por lo pronto, os diré cual va a ser mi primer pequeño sacrificio de esta Cuaresma. Luchar contra la desidia, desterrar el desánimo y atender con más frecuencia este blog y vuestros mensajes, haceros presente que me tenéis a vuestra disposición y demostrarlo, no sólo con palabras, sino contestando vuestros correos y procurando escribir temas que sirvan para acercarnos un poco más a la Vocación, la del sacerdote, la de la religiosa, la del laico… en definitiva, nuestra vocación de cristianos. Sé que me supondrá un esfuerzo (a veces ocupamos demasiado nuestro tiempo y nos olvidamos de las cosas verdaderamente importantes), pero estoy seguro que con la ayuda del Señor y con vuestro apoyo lo conseguiré. Os animo a que practiquéis durante esta Cuaresma esos “sacrificios positivos” y contribuyamos de ese modo a poner de relieve el Amor (con mayúscula), el mismo que centra todos los Mandamientos, el mismo por el que Cristo se entregó y se sigue entregando cada día por todos nosotros.


martes, 1 de enero de 2013

Madre de Dios y Madre nuestra

Seguramente, unas de las primeras personas a las que felicitamos el nuevo año son nuestras madres. Los que están lejos procuran hacerlo a través de una llamada, los más cercanos pasando esta jornada en su compañía y, en todos los casos, testimoniándoles que en cada inicio de año nos acordamos de ellas...

Es cierto que ese recuerdo será especialmente emotivo para quienes las circunstancias les impidan estar a su lado o ponerse en contacto con ellas. No menos nostálgico será para quienes ya sólo pueden dedicarles una oración o incluso para quienes no las conocieron al quedar huérfanos en su más tierna infancia. Sin embargo, en todos los casos, hoy podrá haber una felicitación que de seguro habrá de tornarse en bondades concedidas para el año que comienza. Se trata en este 1 de enero de dirigirnos con confianza a María, a la que hoy celebramos como Madre de Dios, y a la que tenemos también por Madre nuestra...

Ella sabe lo que nos pasa, en realidad todas las madres saben cómo son sus hijos, aunque a veces se hagan las disimuladas, y siempre intentan favorecerlos aunque para ello salgan ellas perjudicadas. Aún así, sería un iluso si pensase que hoy todas las madres recibirán la felicitación del nuevo año por parte de sus hijos. Tan iluso como si creyese que todos se dirigirán hoy a Santa María, la Madre de Dios, aunque fuese a través de la más pequeña oración que nos enseñaron en nuestra infancia...

Ya podemos imaginar la tristeza de quienes no reciban ese mensaje, de quienes al finalizar el día no hayan tenido ese contacto, aunque sea pequeño, con sus hijos... Son muchas y diversas las situaciones familiares y los problemas que en cada caso existan pueden motivar, tal vez, la ausencia de esa felicitación en este día. Si alguno de vosotros estáis en esa circunstancia, permitidme que os anime a vencer el miedo y dirigiros a vuestra madre, como os recomiendo también lo hagáis a de la Dios, que lo es también de todos los hombres... No importa el tiempo que hayáis estado alejados y sin querer saber nada... No os sintáis avergonzados por aquello que hicísteis y que un día os hizo separaros de ella... En su corazón nada, absolutamente nada, podrá hacer que os olviden. Siempre estarán con los brazos abiertos, esperándoos y si nuestra madre biológica sería capaz de dar hasta la última gota de su sangre por sus hijos, qué no hará nuestra Madre del cielo si hoy, en esa confianza de la que os hablaba, nos acercamos a ella pidiéndole su protección y encomendándole los futuros días de este año que llega.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Escribiendo el libro de la vida

Casi sin darnos cuenta hemos dejado atrás el año que tan catastrófico anunciaban los fatalistas del calendario maya. No acabó el mundo el 21 de diciembre pero nosotros, los humanos, seguimos desgantándolo cada vez un poco más. No desaparecen las desigualdades económicas y nos quedamos tan tranquilos porque decimos ejercer la caridad. La sociedad se indignaba cuando hace unos meses se conocía en Córdoba el triste final de los niños Rut y José y hace tan sólo unos días nos sacudía de nuevo el asesinato en Almería de un bebé de tan sólo 16 meses a manos de la pareja sentimental de su madre. En España sigue aumentando el desempleo y se promulgan leyes en las que el simple hecho de ayudar a un inmigrante indocumentado se convierte en todo un delito, de manera que se intenta señalar como potencial explotador al que sólo pretendía ser solidario.

Se celebra en Madrid la Misa de las Familias, pero son muchas las que se encuentran rotas y los sacerdotes y personas religiosas más cercanas a ellas, simplemente las ignoran. Es fácil arremeter contra quien no cumple aquello que nosotros consideramos correcto, pero no ayudarles en nada, ni siquiera escuchándolos para saber el origen de sus problemas. A veces, esta actitud de muchos religiosos me recuerda el pasaje evangélico en el que Jesús se dirigía a los fariseos y letrados lamentándose de que "Atan fardos pesados y los echan a las espaldas de los demás, pero ellos ni los tocan con el dedo".

¿Cuantos sermones inconsecuentes hemos escuchado este año? ¿Cuantas veces nos han dicho lo que hay que hacer aquellos que para nada de esfuerzan en cumplirlo?

Es cierto que muchos de vosotros podrías recordarme aquello de "Haced lo que yo os diga pero no lo que yo haga", perfecta excusa de los más hipócritas para justificar sus actuaciones poco edificantes y contrarias en todo a lo que predicaban. Sin embargo, yo os digo a vosotros,  a todos los que un día decidísteis seguir a Cristo, a todos los que os estáis sintiendo la vocación, incluso también a los que nos llamamos cristianos, que somos espejo en los que se mirarán los demás, que el comportamiento de una persona consagrada puede servir para acercar almas a Dios o para alejarlas de El para siempre...

Hoy, cuando falta ya muy poco para acabar el año, quisiera dirigirme a cuantos seguís este blog con las reflexiones que aparecen en el vídeo que acompaña. Cerremos el libro viejo de nuestra vida y comencemos el 2013 con la ilusión y la esperanza de cambiar algo de nosotros mismos, sólo así lograremos también cambiar el mundo injusto en el que vivimos.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Cómo descubrir la vocación (III)



Para finalizar la serie de pots dedicados a cómo descubrir la vocación, he querido dejar los dos últimos pasos que serán, sin duda, los definitivos a la hora de dar ese importante paso adelante. Llega por tanto el momento de la Acción.

“Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”. Mt 4, 21-22

Una vez tomada la decisión no te dejes vencer por el miedo. Vendrán momentos difíciles y parecerá como si todo se volviese tremendamente complicado para materializar nuestro compromiso de seguir al Señor. Sin embargo, una vez llevados a cabo todos los pasos descritos en las entradas anteriores y con la certeza de querer entregarnos al servicio de Dios y de nuestros hermanos, debes poner todos los medios que estén a tu alcance para realizar lo que has decidido.

Es cierto que con tu decisión comprometerás todos los momentos posteriores, pero también lo es que la apuesta no sólo merece la pena, realmente merece la vida. A partir de entonces tan sólo debes buscar la manera de ser en cada momento fiel, porque la única forma de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día, el compromiso de quien de manera voluntaria ha decidido dejarlo todo para seguirlo a El. Vive en coherencia con lo que has decidido, la ilusión que comenzarás a sentir hará que cada paso que des te acerque cada día un  poco más a la meta.

¿Y cuando venga la dificultad? ¡Perseverar! El camino que emprenderás es difícil; más de lo que ahora crees. Prepárate para la lucha; deberás enfrentar problemas y superar obstáculos. Jesús te dice: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga” (Lc 9, 23).

El sendero es arduo, pero María te acompaña y el Espíritu Santo te fortalece para que puedas recorrerlo. Además, no se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida, sino sólo la de hoy; y así cada día. Al dar este paso podrás decir, como Pedro: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mc 10, 28).


El último paso es en realidad un recurso con el que poder contar en todos los momentos anteriores. Se trata de la Dirección Espiritual. Es posible que muchos de vosotros me digáis que no es algo tan fácil, que no se encuentran sacerdotes “disponibles” cuando uno lo requiere. Que unos están muy ocupados con las múltiples ocupaciones de la parroquia o con las que, en ocasiones, ellos mismos se han buscado para ocupar su tiempo sin prestar atención al fomento de las vocaciones… en muchas ocasiones, ni siquiera al confesionario… Pero es muy importante intentar encontrar un buen director espiritual que nos ayude a orar y a percibir los signos de la voluntad de Dios. Él te podrá indicar dónde obtener la información que precises y te ayudará a reflexionar En el momento de la decisión se alejará de ti para que tú, frente a Jesús, libremente respondas a su llamada. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu Santo la luz para descubrir tu vocación y la fuerza para seguirla.

Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie puede escuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también es cierto que necesitas de alguien que te acompañe en tu discernimiento vocacional.
Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es una llamada de Dios lo que tal vez sea tan sólo un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuando en realidad Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la autenticidad de tu vocación.

Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damasco, le dijo que fuera con Ananías y que éste le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él, quiso valerse de Ananías para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15).

En el discernimiento del proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.

Descubrir tu vocación no es fácil, pero tampoco es imposible si con sinceridad te pones a buscar la voluntad de Dios y realizas los pasos sugeridos en los tres pots que ha conformado esta serie.

De muchas maneras Dios te está revelando la manera como quiere que colabores en la instauración de su reino. El es el más interesado en que tú descubras y realices tu vocación. Por eso haz oración, dialoga con tu director espiritual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa. Cuentas con la ayuda del Señor, aunque a veces creas que no te escucha, y, por supuesto, cuentas también conmigo. No tengas miedo a escribirme, mi ayuda la tendrás en todo lo que pueda… Mi oración la tienes ya de antemano.